Vías del tren
(Un sentimiento inmigrante).
Mientras contemplaba desaparecer el tren dí en pensar que la poesía ocurre por sí misma siempre y cuando haya por lo menos dos senderos que tomar. Asumí que en la vida, como en las vías, eso debería estar garantizado.
Esta tarde y éste tren no se llevaban nada mío en realidad, sin embargo me sentí algo inmigrante al verle alejarse, por lo que rápidamente me dispuse a caminar en dirección contraria, entre esperanzados y despedidores que no parecían decidirse a soltar del todo el convoy o la estación, y abstrayéndome estratégicamente de la diferencia entre partir y regresar.
Decidí conducir mi paso malintencionado hacia una decena de palomas que, muy juntas, se agenciaban su merienda en el andén y a las que únicamente pareció perturbarlas el hecho de perder la proximidad con el grupo.
¿Me habría ido de casa o habría llegado a casa al fin?
No es que me pareciera importante la respuesta, sino que más bien me parecía importante conservar la alternativa intacta para que siguiera provocando, posiblemente, la poesía.
