pilarrodríguezcastillos

t a n g o . f u s i ó n . p a s i ó n

Esperando que volviera

Para muchos es más sensato vivir sepultados en una situación fantasma que abrir la puerta al llamado de la libertad. Aguijoneados por la memoria del dolor de la ausencia suele ser seductor engañarse con los vestigios de un simple rayo de luna... pero por fortuna la verdad con su natural insumiso siempre termina por hacerse escuchar.

Me gustaría poder recordar vagamente la desnudez de unos amantes en esmerada búsqueda de un pulso, una afinidad, acaso una armonía. Pero siempre termino buscando inútilmente un atisbo de ternura, entre las risas y el cansancio luego de habernos engolfado tardes enteras en la cama más próxima a donde nos asaltara la pasión.

Yo aun hoy no sé por qué aquella voracidad se me ocurrió trascendente aunque si sé que bien pronto comprendí que, eliminado aquel deseo básico, no quedaría ninguna página que escribir. También asumí con pasmosa tranquilidad que no existía ni una posibilidad de que él me vislumbrara. Pero en vez de detenerme, cerré los ojos y apreté el acelerador a fondo y me dediqué aceptar uno por uno todos convencionalismos que siempre me han repugnado y de pronto me encontré centrada en un único objetivo: huir de él sin abandonar el barco. Había saltado en caida libre justo hasta las antípodas de mi ideal de vida por un asunto de cama... y me hundía a toda velocidad en el barro de mi propia desesperación. Fue entonces cuando en un paseo nocturno vino a mi encuentro aquel bar pretencioso de luz amarillenta, en una esquina por Callao Y Santa Fé. Allí, con un coñac oficiando de anestesia, de pronto la verdad me rompió la boca abriéndose paso y no la pude contener. Aquello fue como parir...tremendo y glorioso a la vez.

En el camino de regreso mi acompañante traía alma en quiebra...pero aquella noche incluso el implacable calor de Buenos Aires me parecía amigable. No nos mirábamos ni hablábamos y yo mantenia una seriedad impecable para ofrecer mis respetos a su duelo...pero entonces tuvo que detenerse y comprar aquella rosa empujando aquel tropel de culpa sobre mí. Acepté ambas: la culpa y la rosa, devastada y con renovadas ganas de escapar. Apenas atiné a girar mi cara para eludir su boca y me sentí secuestrada en una cutre escena de telenovela de la tarde. Por un segundo le desprecié con vehemencia por saber nada de mí hasta aquel extremo casi insultante.

Tanta furia sentí allí de pie con la rosa en la mano, muda y con la mirada perforando el pavimento, que sentí la urgencia de escarbar en el sitio que había intentado asignarle a aquel hombre en mis afectos. Iba en busca de algún indicio, alguna clave, algo que me permitiera levantar la mirada y mirarle de otra manera. Pero el monstruoso vacío que encontré me perturbó hasta hacerme pensar que quizás debía dar una oportunidad a su historia, tomando en cuenta la idea trillada de que nadie se merece tanto desamor.

Sutilmente acongojada levanté la mirada...pero al encontrarme con sus ojos comprendí que él no renegaba del vacío. Me di cuenta de que él no tenía idea de la intensidad con que yo podía sentir. Y comprendí que aunque hubiera conseguido tener acceso a mi mundo, le habría parecido raro y hasta incómodo. Aliviada y cómplice conmigo misma me sonreí adentrándome en un silencio de muerte y comencé a andar. Y no volvería a detenerme.

Mi felicidad justificada me embriagaba porque suponiendo que el amor nos hubiera sobrevolado alguna vez se había marchado nada más llegar. Y no sería yo la que me quedara allí un sólo segundo más de mi vida esperando que volviera.

Canción relacionada:
No estás
(Letra y Música: Pilar Rodríguez-Castillos)

Febrero, 2008 PRC

Invitación

¿Te gustaría que te avisáramos cuando Pilar actúe en tu ciudad?
Envíanos un correo con tu nombre y tu ciudad solicitándolo a la siguiente dirección:
info@pilarrodriguezcastillos.com
y te enviaremos una invitación.

Febrero, 2008